UNA ALMA APENADA
VON NEUMANN
21 Aug 2025
UNA ALMA APENADA
(DE LA CRUZ LOPEZ KAROLINNE SAHOMY)
El viento helado de la puna azotaba el cementerio, cerca de una remota estancia en la frontera entre Ayacucho y Huancavelica se encontraba Hiro.
A los siete años, la muerte le arrebató a su madre, dejando un vacío inmenso. Con él, un recuerdo, un collar, un sencillo dije de plata con fotos descoloridas, se aferraba a él, una ceremonia cargada de dolor quedó grabado para siempre.
Los años transcurrieron, dejando cicatrices profundas. Criado por su padre en una precaria estancia, Hiro encontró refugio en la inmensidad de los Andes.
A los catorce años, la tragedia volvió a golpear. Un día mientras pasteaba sus animalitos en el campo, Kirota, un hombre despiadado, invadió su hogar. La confrontación fue breve y brutal. Él, con una mirada llena de odio y avaricia, sometió a Hiro con su fuerza descomunal, no le importó los quejidos y sollozos, solo siguió con su cometido. El momento fue tan tormentoso, al final cayó sin vida, con su cuerpo inerte, bajo un cielo implacable.
Sin embargo, su alma no encontró descanso. Se convirtió en un alma en pena, vagando sin rumbo por la desolada puna. Su peregrinar fue un tormento: el frío glacial le calaba hasta los huesos, el viento silbaba a su alrededor como un lamento constante, y la soledad era una presencia opresiva. La imagen de Kirota, su rostro cruel, lo perseguía sin cesar. La venganza, una llama oscura, lo consumía. Pero en medio de ese tormento, una chispa de esperanza comenzó a brillar.
En su desesperación, soledad y tristeza, una figura enigmática se le apareció, una anciana con los ojos profundos y penetrantes apareció ante él, se presentó como el espíritu de Yacumama, un espíritu protector de las aguas y la naturaleza, enviada por la Pachamama.
Yacumama: Hiro, hijo de los andes, de la puna, tu alma está perdida en la oscuridad de la venganza. La Pachamama me ha enviado para guiarte. Tu sufrimiento es profundo, pero no es eterno.
Hiro: (con voz llena de dolor y rabia) comentó, ¡Eso es todo lo que quiero! Kirota debe pagar por lo que hizo. ¡Él me quitó todo!
Yacumama: La venganza solo perpetúa el sufrimiento, Hiro. Yo te mostraré el camino de la purificación, un camino que te llevará a la paz. Debes aprender a soltar el odio, a escuchar el susurro del viento, en el murmullo del agua, en el canto de las aves. Debes estar dispuesto a dejar ir la oscuridad que te consume.
Hiro: (con duda y vacilación) No sé… el dolor es demasiado grande.
Yacumama: El dolor es parte del ciclo de la vida, Hiro, acéptalo, ya que si no lo haces el odio te destruirá, te consumirá y solo vivirás infeliz en esta vida. Yo te guiaré, por favor confía en mí.
Es así que Yacumama lo llevó hasta la laguna de Choclococha donde confrontó su soledad, comprender la paz y la tranquilidad que un lugar así genera. Luego, llegaron hasta las alturas de Chonta Castrovirreyna, donde confrontó su ira. Finalmente fueron al nevado Huamanrazu, el más imponente, lugar donde se halla la Pachamama, madre sabía, generosa y bondadosa, quien le impartió sabiduría ancestral y enseñanzas profundas sobre la naturaleza, sobre la vida y la muerte.
Es así como, en cada lugar, Hiro enfrentó sus miedos más profundos, hasta que finalmente, llego a una laguna de aguas cristalinas, cuyas orillas están rodeadas de piedras joyotas, donde se divisan truchas enormes, que según cuentan son las que liberan a las almas de sus últimos pesares. Hiru dejo atrás a la Pachamama y se sumergió en aquellas lagunas, en ella pudo observar a sus padres, y pudo despedirse por última vez. Al salir, su espíritu, ligero, puro y libre, comienza a ascender hacia los cielos, donde lo esperaban sus ancestros.
Autor: DE LA CRUZ LOPEZ KAROLINNE SAHOMY
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